Retrato de una dama (Portray of Lady). SXVIII

Es probable que nunca antes de leer esta entrada hayáis escuchado el nombre de Samuel Percy (1750-1820). Sin ánimo de ofender y aceptando que quizá nos estemos equivocando y quien en este momento esté leyendo la entrada sea un experto/experta en coleccionismo de arte,  debemos de confesar que nosotras, las autoras de este blog, tampoco habíamos sabido nunca de la existencia de este personaje.

Así que con motivo de la inauguración del blog, hemos pensado que es una buena ocasión para sacar a la luz, no tanto a Samuel Percy, pero sí al maravilloso descubrimiento con el que nos topamos en la Quinta Avenida con la calle 81 de la ciudad de Nueva York, relacionado con este artista de los siglos XVIII y XIX.

Ahí va nuestra historia.

Hace un par de meses, por motivos de trabajo, tuvimos que viajar a NYC durante más de una semana. Aunque las jornadas laborales “newyorkinas” son casi igual de extenuantes que todo lo que representa esa ciudad, cualquier excusa sirvió para descubrir las maravillas menos conocidas de una metrópolis llena de tesoros ignorados por la mayoría del turismo internacional (entre las que nos incluimos).

En NYC,  la jornada laboral suele finalizar sobre las 17 o 18 hrs. También es cierto que aunque es una ciudad que nunca deja de funcionar, sin embargo, incluso con semejante currículum de actividad, los museos, las  tiendas (a menos que te vayas a grandes avenidas), las oficinas, etc., como cualquier ciudad del mundo (a excepción de las españolas) terminan sus jornadas en horarios prudenciales: las seis, las siete o, como muy tarde, las ocho. Así que lo de hacer turismo compaginándolo con el trabajo, se complicaba un poco.

Sin embargo, por sorpresa, echando un vistazo a todos los horarios de los museos más apetecibles, tuvimos suerte y descubrimos que había uno que nos permitía “trasnochar” una visita: el gran Metropolitan Museum of Art. Por eso, en cuanto terminó nuestra jornada laboral, cogimos el bus por la Primera Avenida hasta aproximadamente la calle 85, hicimos el trasbordo correspondiente  y atravesamos la ciudad desde la Primera Avenida hasta la Quinta gracias al bus M86, llegando por fin al preciado Metropolitan.

Horrible.

Esa es quizá la única forma que nos sale a la hora de  describir la primera impresión que tuvimos al atravesar el control de entrada.

¿Horrible por qué?

Muy sencillo. Una masa de gente ocupaba el impresionante  espacio que te recibe al entrar al hall principal. Multitudes de personas, que como nosotras, decidieron realizar la misma visita, a la misma hora y en el mismo día. Quizá es posible que el agotamiento previo de la jornada laboral, la caminata constante de subir y bajar grandes avenidas, la necesidad imperante de no dejar escapar nada de esta ciudad, hizo que al llegar a ese inmenso hall, las ganas de visitar el museo se desvanecieran sin más.

Aún así, estábamos allí y habíamos invertido esas pocas horas que teníamos entre terminar de trabajar y regresar a la cama, para poder ver alguna sala de este conocidísimo museo. Siendo lo más prácticas posibles,  intentamos abstraernos de “la masa”, del ruido y entonces, comenzamos a subir por las escaleras frontales del Hall.

Y así, de repente y sin quererlo, la gente había dejado de existir.

Comenzamos a caminar en solitario por cada una de las salas de la cultura persa, etrusca, bizantina, romana…Estábamos solas. Únicamente de vez en cuando, si cruzabas alguna sala para dirigirte a la siguiente, el barullo de la gente llegaba a nuestros oídos. Porque la realidad era que, a los visitantes de ese día, ni el mundo sirio, ni el etrusco les importaba “un pimiento”.

Hasta que después de aproximadamente 30 minutos, llegamos a otra nueva sala, la más solitaria de todas, en la zona de Escultura Europea y Artes Decorativas. Ni siquiera había alguien vigilándola. Sólo una vitrina y una cama.

Y entonces, al levantar la vista descubrimos ésto:

 ¿Qué es?portrayoflady2:Esta figurita realizada en cera (quizá no sea esa la palabra correcta, pero es así como se presentó a la vista de nuestros ojos) que por la foto no se aprecia, pero que mide 21.6 x 18.4 cm centímetros, es el retrato en relieve de una mujer londinense posiblemente de clase alta, realizada por Samuel Percy en Inglaterra en el S XVIII. Es importante aclarar que sólo las clases sociales más pudientes, en general la monarquía, la aristocracia, la clase alta y la incipiente burguesía, podían acceder a este tipo de fetichismos.

El autor: Samuel Percy (Irlanda.1750-1820) fue uno de los más conocidos artistas modeladores en cera de finales del  siglo XVIII y principios del siglo XIX en Inglaterra, especializado en retratos en cera (algo así como el 3D actual) y en escenas costumbristas.

La época: Los últimos años del S XVIII en Inglaterra (la conocida como Era Georgiana. 1714-1830) fueron una época dorada en la elaboración de retratos de todo tipo, incluyendo aquellos realizados en cera o en bronce, como éste que encontramos en los pasillos del Metropolitan.

Lo que buscaban las clases altas realizando este tipo de encargos se fundamentaba en crear perfiles de ellas/ellos mismos semejantes a los que siempre han aparecido en las monedas o medallas (desde la Edad Antigua hasta hoy día), dando así la solemnidad, estatus y la categoría social que éstos simbolizaban.

Los diferentes tipos de miniaturas de retratos terminaban exponiéndose en los interiores de las casas o mansiones, transmitiendo mensajes asociados al poder político y continuidad dinástica que ésto representaban.

En este sentido, en Inglaterra, pese a que los intereses de buena parte de la aristocracia y y la burguesía se dirigían al capital y a los ingresos  de procedencia distinta a la tierra, “su ethos” y su reputación continuaban reflejándose en el lujo, el deporte (especialmente la caza), el paternalismo y la conservación de cargos honoríficos de gobierno (Davidoff,L y Hall, C. 1994).

La retratada y nuestra imaginación: la verdad es que no hemos conseguido dar con la identidad auténtica de la mujer retratada por Percy, por lo que vamos a intentar contextulizarla dando un poco de rienda suelta a nuestra imaginación, después de realizar algunas lecturas de destacadas historiadoras británicas feministas expertas en los siglos XVIII y XIX inglés, como Amanda Vickery o Lucy Worlsley. Ambas historiadoras, muy a nuestro pesar, aún no han sido traducidas al castellano aún existiendo una amplísima e interesante bibliografía de ambas.

Es probable que la mujer retratada rondara los 50 años de edad y que perteneciera o bien al entorno de la monarquía, a la aristocracia o, como hemos apuntado en los párrafos anteriores, a la incipiente clase media o burguesía. En cualquier caso y aún existiendo diferencias en cuanto a los mandatos y relaciones de género entre las mujeres y hombres de una clase social u otra, las mayoría de las mujeres de las clases altas en la época Georgina han sido redefinidas por Vickery desde un nuevo plano historiográfico, menos oscuro al que estamos acostumbradas.

La tesis de Vickery rebate el feminismo ortodoxo de la historia de las mujeres que considera el S XVIII como un época en la que las mujeres fueron forzadas a la pasividad máxima, siendo recluidas como nunca antes a la esfera doméstica. Frente a ello,( por cierto, tal exclusión no es ni mucho menos una novedad como se aprecia desde los textos de Aristóteles hasta la Biblia) la autora considera que las mujeres inglesas de clase alta en este siglo fueron agentes activos, que tomaron lentamente las riendas de sus vidas, incorporándose a la esfera pública.

La eterna división entre las esferas privada y públicas, la dicotomía patriarcal entre lo que cada espacio ha supuesto y ha implicado en la historia de la humanidad para las mujeres y los hombres, no han sido espacios estáticos, ni inmutables desde la Antigüedad hasta hoy en día. Su significado se va redefiniendo y  la autoridad que se le otorga a cada cual aunque parece que es inmutable, sin embargo sí que ha cambiado. Por su puesto, sin olvidar que el patriarcado ha otorgado una menor autoridad a la esfera privada, lo que nos llevaría a otro tema que ya tendremos la oportunidad de discutir en próximas entradas.

En cualquier caso, la mujer retratada por Percey, aceptando su pertenencia a una clase social alta y si seguimos la tesis de Vickery, vivió y se retrató en un siglo en el que comenzaron a producirse transcendentales cambios en las vidas de las mujeres: el nacimiento incipiente del matrimonio romántico, la apertura de nuevos espacios de sociabilidad para las mujeres fuera de la esfera privada (asistiendo al teatro, a la ópera o a jardines públicos, la creación de las “asambleas o sociedades”),  la expansión de una literatura específica para mujeres y quizá,  el comienzo también de la”sentimentalización” de la maternidad.

La mujer aquí retratada podría ser o no ser una de esas mujeres a las que se refiere Vickery. Pero independientemente de ello, sólo el poder que nos otorga imaginar cómo sería y verla ahí expuesta, tenemos que reconocer que la visita al Metropolitan Museum of Art, mereció la pena.

Porque las mujeres en la Historia de la humanidad,  han disfrutado de espacios de libertad que la historiografía tradicional ha obviado y que esperamos con nuestro blog sacar a la luz.

Ahora sólo nos falta otorgarle una identidad ficticia. ¿Qué nombre la pondrías?

Mr. Percy is now in town and will tal likenesses in colored wax at 1 guinea and half

Sawnder´s Newsletter of August 2, 1780

Bibliografía y otra información de interés:

-Davidoff, L y Hall, C. Fortunas Familiares. Hombres y mujeres de la clase media inglesa. 1780-1850. Madrid. 1994

-Vickery, A. The Gentleman’s Daughter. Women’s Lives in Georgian England. New Haven, CT, Yale University Press, 1998.

-Grace, P. A wax miniature of Joshep Boruwlaski. Metropolitan Museum Journal. V15. 1980

-Obras de Samuel Percy. National Portrait Gallery: http://www.npg.org.uk/collections/search/person/mp07416/samuel-percy

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2 respuestas a Retrato de una dama (Portray of Lady). SXVIII

  1. Elena Rius dijo:

    Acabo de aterrizar por casualidad en vuestro blog que, aunque incipiente, promete mucho. ¡No podía dejar de visitar un blog llevado por fans confesas de Jane Austen! La señora de la miniatura podría estar recién sacada de cualquier novela de Austen, o quizás de Thackeray.
    Por si alguna de vosotras anda por Barcelona el 30 de mayo, os invito a participar en el club de lectura sobre “Mansfield Park”, en la muy clásica sede de Alba editorial.

    • Querida Elena, ¡que ilusión tu comentario! Somos tres fans absolutas de tu blog así que tu visita al nuestro nos hace muy felices. Que pena no estar en Barcelona para la lectura de “Mansfield Park”, ¿fuiste? ¿qué tal?. Un abrazo muy fuerte.

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